Hoy comprendo el valor del conocimiento y el aprendizaje. Porque aún al ser infinitos, el conocimiento que tenemos en este momento es 'prestado'. En cada circunstancia aprendemos, pero hay que despertar y mantener el espíritu receptivo, de lo contrario, el ego nos hace pensar y sentir que, en realidad, ese estímulo que está afuera que nos otorga la posibilidad de abrir nuestra conciencia no es valioso y creemos que no es útil. En realidad, el ego puede ser un hueso duro de roer, porque nos hace mirar la vida como si estuviésemos en la cornisa como si lo supiéramos todo y no estamos más que en un bajo estado vibratorio, en un estado y lugar inferior.
Hoy he aprendido grandes experiencias de mi labor como profesional, pero también ha sido un día más de comprender cómo dar una mirada más allá al hecho de ser con otros. Y lo viví primero en silencio y ahora compartiéndolo. Y con todo esa reflexión viajo ahora, decretando continuar mi camino desde ese sentido.

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