Trabajar con adultos
mayores me ha dejado las mejores lecciones, especialmente cuando conversamos
acerca de nuestras historias de vida y cuando leemos cuentos cortos.
Lo más bonito que
aprendí hace poco fue acerca de lo que nosotros proyectamos a las personas, sin
importar si las conocemos o no. Cuando proyectamos cariño hacia la vida en sí
misma, sin duda recibiremos lo mismo y fluiremos de tal modo que el corazón se
sentirá siempre completo y acompañado, por lo que hasta en la soledad física disfrutaremos de todo lo que nos rodea,
porque sabe que somos parte de todos los detalles cariñosos que conforman el
Universo. Por el contrario, al proyectar confusión, ser insidioso e intrigante,
también recibiremos lo mismo, asimismo, buscaremos refugiarnos en un grupo de
personas que piensan y sienten igual y nos sentiremos validados, sin embargo,
al dejarnos invadir por el ego, la soledad es absoluta y la vibración
energética es baja, por ende no hay comunicación que resista.
Por eso, si Ud. quiere aplicar este aprendizaje, póngalo en práctica en cosas sencillas cada día: Dese un segundo y salude a quien conozca, comparta o tan sólo salude a alguien del camino cuando va a comprar el pan, desee un buen día, devuelva la mano a quien/es lo han ayudado, admire a quien le esté yendo excelente en su vida y sea agradecido de la abundancia propia y la ajena. Imagino que hay más cosas por aplicar, pero desde lo personal, me siento con el corazón llenito y feliz desde que tomé ese camino y que elegí recorrer.

Qué buena reflexión! tan sencilla y tan cierta. Hace falta en la vida un poco más de gratitud y empatía, ya que en general, las personas se dejan obnubilar por el arribismo y el consumismo, actitudes egoístas opuestas a la felicidad.
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