La búsqueda es inmensa y legítima, algunos se refugian en los roles sociales, otros en los roles laborales, otros en los estilos de música y en los estereotipos que se crean a partir de ellos, en el Yoga, en el Reiki o en la religión, otros en lo concomitante y bizarro. Toda búsqueda es válida para reencontrarse y lograr integración personal. Sin embargo, la búsqueda más significativa es la que se concreta desde el interior, pues una vez que comprendemos que somos el detalle infinito que completa el Universo, podemos entender el mundo, podemos descubrir que la naturaleza que tanto apreciamos y con la que inevitablemente buscamos conectarnos, es parte de nuestro acto de regresar a nuestro centro, a nuestro origen, a nuestra causa y efecto.
Es frecuente que la búsqueda se inicie desde el exterior, puesto que vivimos en una sociedad acostumbrada a ofrecer millones de alternativas, por ende, el corazón se inquieta al decidir y al manifestarse naturalmente. Y es que el ego ciega y se alimenta de un orgullo desesperado por querer brillar, un orgullo desesperado por ser admirado por los demás, a través de elementos como una belleza superflua, el materialismo, el ser mejor que un otro (sentido de competencia), en el autoritarismo de querer tener la razón.
Para reencontrarnos, sólo es necesario concientizarnos en nosotros mismos; desarrollemos nuestras capacidades y reinventémonos ante la sensación de vaciedad y rutina, no luchemos contra esa oscuridad que embargamos, aceptémosla como tal para sublimar y comprender la infinitud y lo maravilloso de nuestra constitución y proyección espirituales.
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