Echo de menos todos los momentos de mi infancia que tenían que ver con vibrar en una frecuencia más alta. Observar cosas sencillas como cuando súbitamente aparecían volando estas semillas.
También, echo de menos tirarme al suelo y mirar las nubes correr. El sonido seductor de que se acercaba el organillero con los remolinos y el tubito para hacer burbujas. El famoso eclipse de 1994 que lo pude vergracias a varios lentes encima de mis ojos (con el riesgo de que me afectara a la retina). Los cumpleaños donde mi mamá servía chocolate caliente. Pero, sin duda, lo que más echo de menos eran las peleas entre amigos que se resolvían con un abrazo fraternal y un volver a jugar otra vez.
Enumeraría más momentos, pero éstos son los que más he recordado hoy y que representan simplemente contactarse más con la naturaleza de la vida. Sin embargo, siento que la vida sigue fluyendo y por tanto, las vibraciones seguirán con esta frecuencia siempre que uno lo permita, en cada proceso propio y todo esto desencadenará inevitablemente que sigamos creciendo en un cuerpo adulto, pero ojalá con un alma de niños siempre anhelantes de libertad.

En esa época cuando desconocíamos tantas cosas el mundo era mucho más sencillo, nos sorprendíamos con cosas pequeñas, detalles de la vida... no existían pre ocupaciones.
ResponderEliminarLa infancia es una etapa tan especial, te marca para el resto de la vida.