A fin de año me suele dar un bajón emocional. Siempre es entre Navidad y Año Nuevo, no porque le dé importancia a algo especial sobre estas fechas, sino simplemente porque hay experiencias que me gustaría desencadenar, pero por el momento, a diferencia de otras personas y quizá porque no lo organizo con anticipación, no puedo realizar. Me da un poco de temor, porque de cierta manera ejecutar estas motivaciones generaría también cierto nivel de independencia, de poder moverme de acuerdo a mis deseos, pero siempre la limitante es que inevitablemente me veo en una pugna indirecta de un lado (mis papás). Pero, en fin. Se tendrá que posponer para una próxima vez.
Sin embargo, es inevitable comenzar a tener una visión retrospectiva, soñar despierta y caer una vez más en el abismo de la nostalgia. Me voy por un camino que es distinto al tema anterior, pero es tan archiconocido por mí que me sensibiliza. Empiezo a desear lo vivido anteriormente, me viene el intenso anhelo por recuperar lo que, se suponía en mi pubertad, era rebeldía. Vienen las ganas por marginarme de todo lo que existe, estar incomunicable, tender a buscar lo recontrapasado y vivir como casi ermitaña, situación imposible dado que este mundo te exige vivir en comunidad. Me dan ganas de continuar al lado de lo que amo y eludir lo que me parece incomprensible u oscuro. Me dan ganas de invisibilizar la nostalgia definitivamente.
Mas, pensaba en mi cama, ¿Por qué yo negaría mi hermosa nostalgia?, ¿Por qué tendría que negar todas esas experiencias que ennoblecieron mi existencia? Finalmente, entre sábanas, mirando el techo incesantemente y sonando de fondo mis melodías infinitas, me doy cuenta que es mejor honrar la nostalgia y extraer la belleza de lo imperfecto de los acontecimientos. Porque el ayer, el mañana y lo que ocurre hoy especialmente, soy yo, por lo que no hay necesidad de mirar hacia atrás las huellas que dejé.
(Cancioncita de mi álbum preferido que por cierto, salió en el 98')
Son buenos los replanteamientos y los autocuestionamientos. Muchas veces quedamos "adormecidos", no nos preguntamos el porqué de las cosas y a veces no nos damos el tiempo de analizarnos, generalmente ese momento entre la lucidez y el sueño que ocurre en la cama antes de dormir suelen ser los momentos perfectos para que una idea iluminadora cambie algo significativo en nuestras vidas.
ResponderEliminarTe quiero mucho.
Sin duda, son tremendamente notables esas luces internas en medio de la noche.
EliminarTambién te quiero mucho, un abrazo fuerte!