Entre la noticia de la secta de Colliguay, la cual promovía el consumo de ayahuasca y la tortura de los miembros más débiles, dando como resultado finalmente a la muerte de un bebé que supuestamente sería el anticristo y un reportaje de una página que refería el momento en que, de alguna manera, pasas de ser joven a adulto, me dejaron ambos pensando un buen rato. Yo digo "rato", pero en realidad, creo que fue algo más.
Pensaba en dos cosas; una de ellas es cómo el ser humano se refugia en cualquier ideología, religión u otro elemento similar para mantenerse en pie y reflejar una imagen de fortaleza y credibilidad. A pesar de eso, creo que también como seres humanos tenemos libertad de hacer lo que nos plazca, pero teniendo en cuenta que la libertad del otro está un poco más allá y que sería egoísta y maquiavélico pasarla a llevar. Pero justamente eso me llevó a reflexionar en que el ser humano, en su libre albedrío, se ha vuelto poco consciente del entorno que lo rodea en el que también existe más vida. En otras palabras, es irresponsable al adoptar incluso una creencia, ya que presume que todos los demás también tienen que entenderla y adoptarla también, perdiendo toda objetividad de lado. Nos hemos olvidado de las teorías, de que a veces no hay absolutos y pretendemos decir que cualquier cosa es la verdad única.
Otra cosa que reflexioné es acerca de esa etapa que te das cuenta que te estás convirtiendo en un adulto y me puse a leer diversas opiniones del reportaje de una página que hablaba al respecto. Y varios de los comentarios sugerían el horror de que algunos más jóvenes que tú te reconozcan como "señor" o "señora", que ya no aguantes las noches de carrete como antes, entre otros. Sin embargo, entre los que llamaron mi atención fueron los que mencionaban que uno iba quemando etapas como "tener hijos, comprarte un auto, una casa, tener un trabajo apatronado", etc. Cuando leí aquello, hice un pequeño flashback cuando iba en la Universidad y en una clase hablaron de las crisis normativas, las cuales son ya parte de la vida, son algo implicito en cada ser humano. Yo pensaba en ese momento, ¿Y qué sucede con las crisis no normativas?, ¿Qué pasa con las convicciones de cada uno? Y de repente, me di cuenta que a pesar que algunos procesos tienen que darse, yo creo que depende de cada persona llevarlo a cabo en un momento dado de su vida. ¿En qué momento? La elección es libre; a conciencia o no, ya es otro cuento.
Lo que llama mi atención es cómo las personas siguen muchas veces, un patrón de conductas de lo que debería ser, como si vivir estuviese determinado por una pauta. Estamos claros que la premisa de nacer, crecer, reproducirse y morir es algo que nos han incorporado desde que éramos unos niños, pero yo siempre he creído que hay algo al medio de todos esos procesos y me imagino que no puede existir un nicho vacío entre ellos. Pienso que hay algo más y eso se llama desarrollarnos, fortalecer espacios para ser un aporte con nuestras vidas y la de los otros.
Lo siento, pero yo no puedo creer que seamos sólo envases con etiquetas y que, al mismo tiempo, nos cobijemos en lo que "todos hacen", lo frecuente o lo que está condicionado por la moda para legitimarnos. Yo siento que como seres humanos en constante evolución (ojalá) podemos elegir e ir más allá y ampliar las puertas de la percepción, pero no con métodos tan rebuscados, sino más bien, métodos más simples como mirarnos por dentro y atender a lo que podemos transmutar o trabajar como reconsiderar tus vínculos fraternos, reconciliarnos con esos momentos dolorosos y transformarlos en positivo. Quizá, podemos tener la meta de tener un auto, pero que esto no sea exclusivamente el fin, sino el medio para cambiar una serie de situaciones, como por ejemplo, poder distribuirte mejor por la ciudad, salir repentinamente a un lugar lejano con tu familia, entre otras cosas.
Tal vez, la necesidad de sentirse admirados es algo que está en boga en nuestra sociedad. Pero con mucho respeto, digo que la mejor manera es dejando a un lado ese disfraz de pseudoespiritualidad y comenzar por casa, es decir, ser honestos con nosotros mismos, dejar la postura esquizotípica/ególatra y reconocer que al lado, al frente o atrás tuyo hay alguien que también puede ser digno de admirar.

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