El fin de semana conversaba con mi amado de las amistades. En realidad, de las nuestras y de cómo la vida nos cambia. O tal vez, no es la vida la que nos cambia, sino la forma de llevarla a cabo en nuestras distintas experiencias.
Fue muy duro darme cuenta que mi pololo estaba sintiendo y pasando por lo mismo que yo hace unos años atrás. Durísimo porque, ¿Cómo explicarle que no en todas las personas existe la neutralidad para comprender todos los acontecimientos? Es muy difícil de explicar y de entender. Y a veces uno se responsabiliza de todo un embrollo que en definitiva no fue creado sólo por uno. Y ese embrollo consiste en que si tienes un grupo de amigos y discutes con uno, terminando en una gran desavenencia, lo que sucede luego es que inevitablemente la historia es vista desde dos roles: uno que es considerado víctima y el otro victimario. El problema reside cuando el resto de los amigos se alían a ya sabemos quién. Esa es la tendencia, pero no todo tiene por qué ser de esa manera, aún más cuando todo un gran y complejo lío fue originado por malos entendidos de una o ambas partes. Otro gran problema: Tal vez tomar acciones, movilizarse y disculparse (aunque nada se haya hecho) y el amigo situarse en una posición de sentirse ofendido, cuando aún no cae en la cuenta que él ofendió también. Difícil situación, yo intenté aclarar, pero la otra parte al verme dispuesta a arreglar y conversar las cosas, no dijo más que el hecho de querer componer todo le traía vergüenza y se alejó. Así yo también, con el tiempo, yo me alejé también.
Hay distintas soluciones, yo tomé una con el tiempo (me costó llevarla a cabo, cómo no, si se trata de amigos que te han acompañado en grandes momentos). Pero le dije a él: Deja que el tiempo siga su curso. Él me miró de otra manera, me decía lo enojado que estaba del hecho de "estar siempre ahí, para todos". No pude contrariarlo, pues tenía bastante razón, duele bastante sentirse que tu presencia no es tan valorada como uno quiere. Y no duele al ego, duele al alma saber que hay amigos que prefieren estar con lo que provocó discordia más que unir a todo ese grupo del que vivieron buenos y malos instantes. No pude más que entenderlo, ya que me había percatado hace tiempo de esas cosas, pero como mujer que ama a un gran hombre y quiere verlo bien, sólo calla, pero esta vez asentí con él. Yo no puedo ser como otras mujeres que lo único que desean es que su pareja esté sólo en un metro cuadrado que ellas han creado, yo no. Porque yo amé con todo a esa persona: con su familia, sus aciertos y errores y, por supuesto, con sus amigos. Y ahora me doy cuenta, la vida se vuelve un poco latera cuando algo cambia, pero sólo espero que no sea ese cambio para siempre. Yo espero que algún día todo se calme, que el orgullo caiga y que la verdadera involucrada pueda enfrentar y conseguir soluciones. No creo que para ambos esto sea grato, para nada. Pero si lo que creo es que hay que reconocer lo sucedido.
Finalmente, le dije a mi pololo que dejara que la vida pasara un poco y que se diera la posibilidad de conocer a otras personas, pero no en el sentido del reemplazo, sino de forjar nuevos lazos. No me comprendió bien, pero sólo espero que mientras se dé todo eso, todo tome un rumbo tranquilo y que pueda reencontrarse con esos viejos amigos. Yo sólo lo espero, por la reconstrucción de su amistad. Yo la reconstruí a mi manera, pero en el caso de él, yo siempre quiero lo mejor y lo que definitivamente lo haga feliz. Espero con toda mi alma que sea pronto.

he tomado estas palabras como un consejo, ojalá me lo hubieses dicho a mi antes :)
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