9.9.10

Es obvio...

Es obvio y evidente que no quedan más que recuerdos de aquella(s) amistad(es), es obvio que la manipulación, ser autoreferente y los intereses no compartidos quebraron con todo lo construido por aquellas épocas, donde éramos nada más que aprendices... Soñábamos tanto, teníamos tantas cosas en común que nos hacían ver la vida más sencilla. Y creo que aunque era evidente que cada una siguiera su camino, no teníamos por qué caer en la frialdad y en la indiferencia absoluta. Siempre podía darse algún tipo de encuentro y también, la conversación era un modo de entendernos en nuestras visiones mutuas. Pero sólo primó en una de ellas el orgullo no justificado, la molestia incomprensible que aún no logro comprender de dónde se originó y la actitud simbiótica y sus sistemas cerrados... Y todas esas posiciones de hacer vida arrastraron en lo profundo a algunos. Se sintieron identificados tal vez en una apariencia espiritual, pero yo no veo más que resentimiento y excesiva demanda de atención.

Reconozco mis errores en épocas pasadas, donde tenía una mirada apática del tiempo, pero ahora sé que éste con sus experiencias son el mayor predictor para conservar una amistad, así como también, es una forma de establecer balances sobre lo que se ha hecho y lo que no. Pero estoy conforme con lo que he caminado. Y es obvio que me he vuelto selectiva también. Con esto quiero decir que no quiero sentir una retroalimentación poco sincera en la amistad y tampoco asumiré culpas de algo inexistente... Es con un profundo pesar que dijo todo esto, pero hablo desde mis entrañas y en mi elección de evolucionar. No obligaré a nadie en el aspecto fraternal a que me responda acerca de su actitud para conmigo. Es desgastante, enfermo y casi un círculo vicioso donde uno se entrampa. No quiero. No he sido, ni nunca seré influenciable, porque creo en mi individualidad y en mi capacidad de establecer mejores conexiones con otras personas. Y quiero seguir creyendo en eso. No volveré a involucrarme en sus vidas, aunque si espero lo mejor de todas, especialmente a una que conocí en mis primeros años de Universidad y que congenió conmigo por esos días. Quedan ahora sólo los recuerdos y el resto, lo tangible del concepto, lo reservo a aquella amistad que se ha equivocado, pero lo ha reconocido y sabe que puede dialogar.

Nathalie, Bárbara y las próximas personas que vendrán, gracias por estar siempre ahí y expresar lo que sienten con sinceridad. Respeto sus etapas también. Y termino estas palabras llenas de cansancio con la esperanza que el tiempo entregará siempre algo nuevo y que nos haga sentir mucho más vivos.


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