Durante este tiempo, he extraído una de las experiencias más enriquecedoras tanto para mi autoestima como para enfrentar el día a día. Esa experiencia es lo que refería en la entrada anterior que era específicamente el reconciliarme con todos los recuerdos, con lo vivido en los lazos que estreché y el no enjuiciar los caminos en los que se dirige cada persona, puesto que es una opción totalmente libre de ellos. Sin embargo, quería referirme a algo más que creo que es parte de lo que he descrito y es el hecho de reconocer el pasado de uno mismo como parte de sí, como una prolongación de su propio ser.Para muchas personas (y yo alguna vez no estuve excenta de ese pensamiento) el pasado si trajo algún tipo de fracaso a nivel personal es equivalente a tenerle fobia a éste. Entonces, comienzan las frases como "no quiero pensar, son muy malos recuerdos, muy desagradables". De cierta forma, es inevitable hacer estas referencias si es que uno en realidad pospone lo positivo de ese mismo fracaso, no obstante, no nos permitimos extraer la información valiosa que nos entrega esa experiencia y el volver a intentarlo. También pasa que definir un recuerdo como malo y bloquearlo es como evitar nuestra historia, nuestro presente y en definitiva, lo más significativo del asunto es que es como si nos olvidáramos de nosotros mismos, queriendo parecer otras personas. Es como si frente a una herida sin más nos aplicáramos alcohol sin diagnosticarla previamente o sin saber de qué se trata. O estar en una fiesta de disfraces todo el tiempo y tener el papel del bufón simpático que quiere quedar bien con todo el mundo.
Yo me he convencido durante estos años de algo que tal vez está en muchos libros y que ha pasado de boca en boca en personas común y silvestres que quieren vivir mejor. Y ese algo es que el hecho de querer olvidar el pasado y utilizar todas las defensas y racionalizaciones existentes para negarlo no es la solución para avanzar. Quizás en una de tantas oportunidades uno mismo piense que las cosas si han cambiado por completo: Hay nuevas relaciones, me alejo de lo que me produce aversión al recuerdo, le hago caso a un par de personas para que reafirmen mi teoría del olvido, legitimo a esas personas para que se involucren con mi vida (y la manejen) y continúo como si nada ha pasado. Pero eso nunca será posible, porque llega un momento en que uno estalla y ve cuánto tiempo precioso se ha derrochado (aunque yo digo que en realidad nunca es tarde para recuperar algunas cosas de la vida misma) y el cambio no es profundo.
Creo que ante todo, para despreocuparnos del pasado hay que hacerse cargo de éste y comprender que si alguna vez se hizo daño hay que reconocerlo y asumirlo como un error que es posible remediar. Eso en primera instancia. En segunda instancia, si el daño vino desde otra persona, admitir el dolor y vivir el proceso como un aprendizaje relevante para nuestras vidas. En otras palabras, asumir en ambos casos el papel de víctima y victimario y movilizarse para retomar la postura de persona íntegra, indivisible y única. De lo contrario, comenzamos a despersonalizarnos, siendo siempre observadores externos y no personas proactivas intervinientes y dueños de nuestras propias vidas.
Por eso, si alguna vez decimos que algo nos causa un recuerdo desagradable hay que meditar acerca del "qué decimos" y "por qué lo decimos". Porque en ese recuerdo, uno también está involucrado y más que mirarlo de la forma negativa trasladando la culpa, es mejor aprender de éste y seguir adelante, porque de lo contrario, parecerá que siempre algo nos detiene... A pesar de todo lo "perfecta" que está supuestamente tu vida en el presente. Yo creo que más que nada, hay que focalizarse sólo en las metas que uno desea y perseguirlas hasta que puedan realizarse. Y no estar preocupado de qué es lo que dirán de tí por tu pasado o quedarse con la idea que siempre los demás te dañarán. Siempre hay que asumir las causas y consecuencias de los actos, especialmente los que llevaron a errores. Los errores, de todas formas, se subsanan. No al revés.
Esto parece una crítica y tal vez lo sea. Y algo para tener siempre presente: De los errores se aprende y no se niegan, ni ocultan. Es la historia de uno la que está en juego, no la de los demás que si han continuado viviendo en plenitud e independientemente de los ideales que uno tenga, ya sea religiosos, políticos, familiares, etc. hay que aprender a vivir y hacer frente a todas las circunstancias de la vida y, agradecer por supuesto. Y con ello, no le deseo ningún mal a nadie, por el contrario, relevo de los heridas que pueden haber dejado en mí o incluso en las personas que más amo. En síntesis: Dejo ser.
Dejo un temita que no tiene que ver con lo que escribí, pero que me acompañó mientras lo hacía.
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