18.3.08

Nada es todo.

Ha comenzado una nueva vida desde hace unos días. Y entonces me he propuesto algo interesante para mí, quizás me sacia un poco más que lo que antes hacía todos los días: dejé de pensar incesantemente, de intelectualizar e hipotetizar. Cuando lo hacía, me sentaba en la misma banca de la rutina y me ahogaba. Ahora por lo menos he construido una vivienda en mi camino, hice unos palafitos fortificados, ya no me ahogaré. Y creo que me ha marcado bastante el vivir como asceta, acostumbrarme a los cambios, adaptarme y creer en la nada.

A veces pasa que cuando se dice que ciertas personas creen en la nada, algunos se asustan, pero es que no han comprendido bien lo que se quiere decir con ese pensamiento. Siempre he creido que nada puede vivir por sí solo. Yo creo mucho en las dualidades. Por lo tanto, si existe la nada en este momento, lo que no percibo será algún día todo. NADA ES TODO.
Eso es todo lo que tenía que entender. No es que me voy a volver a una pseudobudista, sólo quiero ser un ser humano, una mujer silvestre que vive de sus propios sentimientos y razón, experimentar nuevas situaciones, algún día amanecer en el lecho de mi propio esfuerzo y por ahora, estar en mi propia soledad. Creo que es la forma más decente de tener un poco más clara las cosas.

Esta semana como se vienen los días libres trataré de hacer nuevas cosas, voy a quemar lo que no me deja avanzar, me afianzaré de escritos nuevos, me dedicaré a la tesis un poco más y callaré más. A veces la gente con los silencios también aprende y recibe amor. Me he dado cuenta. El lenguaje no verbal es hermoso y lo valoro.

Estoy más tranquila hoy. Familiarizada con la tranquilidad exagerada. Me gusta vivir por nada y ser parte del todo.

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