Hay tanta razón cuando se dice que todos los días se aprende algo, pero también se desaprende, gracias al fuego de las emociones, de la sensibilidad que me traiciona. Y sabía con parte de lo que me encontraría porque de esto se trata vivir, de esto se trata la búsqueda en que estoy, la cual significa saber amar.Aprendí algo particular, creo que esta idea proviene desde el impacto que me dejó el libro El Perfume, además de ver la película, que obviamente se quedaba corta. La idea que pude obtener desde el espíritu, desde el alma de un personaje vagabundo que iba en la micro, camino a mi casa: la distinción del olor de la verdadera miseria, el hedor del sentirse aplastado por la sociedad ignorante.
Qué difícil explicar una experiencia en la que como mujer, como parte de la especie humana con tendencia a reproducir, a procrear, estuve inmersa. Me sentí parte de una humanidad vomitiva, naúseas a su frialdad.
Todavía recuerdo el jueves en la tarde, después de ir a pagar una cuenta. Subí a la micro y se sentía un hedor desagradable; al principio, pensé "algún pasajero puede que esté llevándolo" y me senté en cualquier asiento, sin elección. Luego cuando ví que los asientos se empezaban a desocupar al otro lado, me cambié de asiento. Y mientras iba mirando por la ventana, la micro dio la vuelta por un lugar distinto, un lugar el que no era el habitual. Se detuvo cerca de la comisaría, mientras un pasajero gordo, arrogante y creyéndose dueño del mundo comenzó a gritar a un pasajero vagabundo (y es ahí donde me dí cuenta de que el hedor desagradable de la micro provenía de él, y mientras la gente se quejaba y se quejaba, yo ya me había habituado al olor y no pensaba en eso). El gordo vociferaba: Bájate, ya bájate!, mientras el vagabundo le decía con un tono más suave, pero asustadizo: Más allá me voy a bajar, caballero. El gordo insistía en hacerlo bajar y en ese momento sólo miraba al vagabundo: tenía su frente herida, su sangre era muy roja, casi coagulada, y en su mano derecha tenía un corte profundo, seguramente de alguien que le hizo daño a este vagabundo y éste intentaba parar el flujo de la sangre, la hemorragia con la ayuda de un papel higiénico, el cual estaba empapado en sangre. Él necesitaba ayuda, una atención... y quise ayudarlo, pero mientras buscaba aunque sea un poco de dinero para ayudarle, se paró del asiento y se fue rápidamente, porque el gordo pasajero de la micro, fue a denunciarlo a Carabineros. ¿El por qué? Su propia ignorancia y porque le molestaba su olor.
Agradecidamente, no todas las personas se comportaron así. Una pasajera tuvo voz y se enfrentó al pasajero criticón y le dijo lo que estaba pensando: Nadie sabe nunca las vueltas que da la vida, y que ese pasajero necesitaba atención y podrían haberlo dejado tranquilo. El olor es lo de menos, todos se quejan, pero nadie hace nada.
Y entonces, me sentí parte de un olor nauseabundo, como decía alguien por ahí, las personas huelen mal cuando quieren y eso es lo que sentí. No pude evitar sentirme así, parte de una sociedad inhumana, todos en la micro en el camino a casa iban bien, nada parecía haberlos perturbado, nada parecía haber sucedido. Y quizás en el camino del vagabundo, mucho pudo suceder. Pudo haber muerto, pero lo peor es morir con palabras agrietadas de personas que no saben enfrentar y darse cuenta de la pobreza de espíritu. Y sus pies lo decían todo, iba con un sólo zapato, iba en un camino donde los ermitaños existen y siguen con un sólo pie. Qué triste vivir así y no hacer nada.
Inevitable fue haber llegado a mi casa, donde me esperaba mi mamá, cariñosa, siempre afectuosa, llegar a mi hogar, algo pequeño, pero que me refugia del frío y del calor, una cama donde soñar, un dormitorio en donde puedo pensar en mis ideas más privadas y dormir por la noche.Pero no pude evitar también las lágrimas. No puedo comprender tanta frialdad, tanta inhumanidad.
Aún incluso cuando tomo un tenedor y como, siento ese olor nauseabundo, que me recuerda al pasajero vagabundo luchando por su vida y un pasajero regordete que iba con su pequeña hija, el cual le dio el ejemplo basura de ignorancia, poca humildad y nula empatía. Ojalá esa niña no aprenda nada de su padre, espero que no.
A pesar de todo, tengo que seguir, continuar con mi vuelo sin ser indiferente a mi alrededor, a mi medio, eso es lo que he podido aprender durante esta semana: abrir los ojos al mundo y no centrarme sólo en mis problemas ínfimos. Cuidar de mí y amar al resto.
pd: No me olvido de nadie aunque no lo exprese con palabras, ojalá que si alguien lee esto por aquí lo comprenda. Si olvidara, no podría recordar lo feliz que he sido y que seré gracias a tí, a uds. Y como dice el título de este escrito en sus versos, NUNCA VENDERÉ TUS SECRETOS PERFUMADOS.
siempre buscando ideas interesantes, suelo leer blogs aleatorios.
ResponderEliminarel tema del indigente en la micro, me dio asco. Obviamente por el hombre que lo echó.
Un verdadero asco su derecho a la superioridad.
Un asco su falta de verguenza
Y sobre todo un asco su ignorancia, la epidemia del siglo XXI.
Recuerdo haber hecho una entrada similar en mi blog, llamada "el dia que descubri que el mundo es una mierda"
si la encuentras, estoy seguro que te servira para complementar tu idea.
Ahi nos olemos