Es irónico cómo las personas siempre tienen ansias de seguridad, de vivir en un entorno para controlarlo.
La realidad de las cosas es que la vida en sí es incontrolable, es un cúmulo de situaciones que justamente tratan de ser así, de otra manera, no podríamos aprender después de una derrota o formar un arcoiris gesticular cuando logramos acertar.
La seguridad es un arma de doble filo, porque mantiene imperturbable los ciclos, pero nos resta libertad para ser nosotros mismos. Por el contrario de lo incontrolable que genera transformación, estar en una constante experimentación para mirarnos hacia dentro y deliberar. En definitiva, nos lleva hacia el cauce natural de nosotros mismos, alcanzar fluidez en la sucesión del tiempo.
Este pensamiento me ha llevado a pensar que es muy bueno lo que ocurre hoy y a valorar esos espacios de soledad o acompañados con mis seres queridos. También es la razón del por qué muchas veces tomo distancia de algunas personas que pareciese que se quedaran prendidas en un momento del tiempo. No las culpo, no las recrimino, simplemente opto por otro camino y siento que hace bien.
En lo incontrolable, también he encontrado dar cabida al perdón, a soltar cuando inevitablemente las cosas pareciese que no tuvieran remedio y a reírme cuando se me presenta un mundo adultizado y con ansias de futurismo, es decir, de ir rápido. No es que no tenga pretensiones de madurar o crecer, sólo siento que el universo me puede ofrecer muchas más cosas de las que se aparentan.
Me alegro que todo sea así... Y por el momento, aprecio mucho los regalos diarios, así como todo lo que aún no tengo en mi vida. Atesoro mucho el hecho de poder trabajar en algo que amo, atesoro mucho la posibilidad de ser creativa sin que me establezcan límites, aprecio mucho que pueda cultivar y ver el proceso de cómo cada hortaliza crece, valoro mucho el esfuerzo que pone José cada día en su pyme, valoro el proceso que estoy llevando para tener mi hogar y alcanzar independencia... Sé que vienen cosas inevitables, pero asumo ese riesgo para seguir descubriendo y aprendiendo.
Pd. Agradezco esta reflexión al documental que vi de Alain Johannes, específicamente por un pequeño trozo de una entrevista que le realizaron a su difunta esposa Natasha Schneider. También, a mi familia, por la notable conversación que se generó este fin de semana.
No se trata de una exhalación de profundidad, tampoco sé si tiene mucho que ver con lo que escribiste, pero me hiciste recordar a Fernando Peña… Un día lo escuché llorando en la radio, llorando desconsoladamente, estaba contando como fue su vida. Decía que la libertad lo había dejado sin raíces, que la libertad no le había permitido tener lazos fuertes ni con las personas ni con los lugares que había frecuentado. Él trabajó durante muchos años como comandante de abordo en una línea aérea internacional, conoció el mundo entero, después se dedicó a la actuación y a la conducción radial. Una vida envidiable, libre por donde la mires, siempre experimentando cosas nuevas... Terminó diciendo, como pudo y entre lágrimas, que hay que pagar un precio muy caro por la libertad, y que envidiaba mucho a los que logran echar raíces y tener vínculos fuertes y permanentes con los demás.
ResponderEliminarNo se trata de una sentencia, pero tal vez la libertad también puede ser un arma de doble filo.
Depende del sentido de libertad que intentes profesar.
EliminarNo tengo el gusto de conocer a Fernando Peña, pero siento que lo que prevaleció en su vida, según como me cuentas, fue su enorme amor a construir su individualidad en el "quehacer", más que en su ser. En definitiva, no era libre, puesto que tenía un apego muy grande a los viajes, a un cargo, a una vida en donde se sintiese reconocido desde ese quehacer.
En mi sentido de libertad si hay un encuentro con las raíces, con los vínculos y con lo acertado y lo errado de mí que requiere aceptación y reflexión... Es por eso que mencioné a mi familia. Porque al final de todo, uno no estamos tan disolutos, ni tan disonantes, sino conformamos un todo que es necesario reconectar.
En relación a lo que hablaba de la seguridad, me refería a la exacerbación del control sobre las cosas y en el empeño que se pone porque nada cambie y todo vaya conforme está, sin acudir a la egodistonía.
Saludos.
La seguridad debiera ser sentirse cómodo con uno mismo, con lo que piensa, con lo que es, y no estar determinado por la vorágine de este mundo desechable y consumista. La felicidad no se encuentra en lo material, ni en las expectativas de la gente que no te conoce bien; sino que viene de dentro, es un estado mental que no debiera dejarse influir por estímulos externos (o sí, si lo que viene de afuera es bueno).
ResponderEliminarLo importante es que vamos madurando, es decir, aprendemos a conocernos mejor y discernir de lo que nos hace bien y lo que no.
Cariños.
Quizá, a modo de explicarme mejor, sería bueno replicar con este video de una gran película...
Eliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=gfS_hDmv_wU
Un abrazo a ambos, Dan y Caro, amiga.