Últimamente, siento que la vida me está dando pruebas para poder realizar cambios importantes que apunten a mejorar mis estrategias en muchos sentidos, algunas de ellas es recuperar mi voz y mi seguridad que se encontraban presentes en momentos precisos de mi existencia. Estas pruebas han sido muy duras y podría describirlas entre discusiones dísimiles que deambulan entre la crítica hacia las prolongaciones de mi vida. Sin embargo, creo que en momentos duros aprendí y estoy aprendiendo a rescatar lo que me entrega paz y descartar lo que me ciega, despejando las nubes de mis ojos y teniendo la posibilidad de verme más por dentro.
La mayor parte de mis vacaciones las pasé recorriendo los caminos de Horcón y el estar en contacto con la naturaleza, vale decir, la transparencia de las aguas, mi desnudez, el querer sentir el viento y tener un cuenco de mar entre mis manos, me hizo pensar que estuve por mucho tiempo tratando de encontrar la perfección, pero ésta no era más que una espera muy abstracta y que ésta se aprecia mucho más cerca de lo que creo. En realidad, la perfección es todo lo que se está viviendo ahora y lo que está por venir; el proceso mismo, el cual muchas veces se quiere entender rápido para ver de una vez por todas ese final al que llamamos logro.
Finalmente, el logro no es más que todo lo que estamos recorriendo, el sin fin de cosas que ocurren que nos impactan o sólo nos acarician.
A pesar que ya comprendo lo que es la perfección, tengo el deseo infinito de hacerla tangible, de darle algo más que un aspecto corpóreo y la razón es que habiendo cerrado hace mucho tiempo viejos capítulos de mi historia, es necesario entregarse de lleno a los momentos mejores que están ahora, entregarme a ese discernimiento que es mucho más que la gran oportunidad, es el movimiento de amar lo que tengo, lo que hago y lo que soy, entre ellos y en especial, el motor de acompañar - y dejarme acompañar - por el hombre incondicionalmente libre del que estoy enamorada. Por lo mismo, me autoexiliaré de algunas cosas, pero siempre iré en dirección hacia el frente, hacia donde inevitablemente hay que ir.
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