Ayer pensaba en cómo ciertos pensamientos e ideas de otras personas nos pueden jugar una mala pasada, al extremo de crearte una especie de incertidumbre que te lleva a la inquietud, a no sentirte útil, a dejar la confianza en uno mismo. Y rumiaba muchísimo sobre esas ideas, sin embargo, en vez de digerirlas y convertirlas en todo lo ya descrito, decidí dormir, no sin antes meditar unos buenos minutos por la noche.
Debo decir que anoche en vez de seguir la vía del autoboicoteo, busqué nuevos propósitos. Miraba como una película mi propia vida y formé mi propio monólogo, concluyendo dos puntos, como por ejemplo, la sociedad sigue constriñendo, formando paradojas acerca de lo que significa la imagen armando estereotipos de mierda en los géneros que uno tiene que alcanzar para recién poder ser aceptado y satisfacer a este conglomerado de personas que creen en eso. Por otro lado, parte de esa constricción es responsabilidad de uno mismo, lo cual es necesario de derribar.
(En todo caso, quiero dejar en claro que no todo lo que te digan es malo. Hay muchas cosas que uno puede considerar una crítica más bien constructiva. Y creo que quienes me rodean no está su opinión tan lejos de ello).
Es por eso que, refiriéndome a esos propósitos mencionados, mi misión ahora es justamente erradicar aquello que distorsiona mis emociones y mi forma de vivir. Creo que parte de esa misión la he resuelto porque he logrado las metas que hace dos meses tenía, pero desde hoy le he puesto mucho más énfasis en trabajarla. Y es que no me interesa ser infeliz toda mi existencia por algo que en verdad si se puede extinguir y que es más, se puede resolver como es creer mucho más en mi, en lo que proyecto y en lo que internamente soy. Es tiempo de rediseñarme.

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