26.7.12

¡Despabila!

Hace muy poco contaba que, ocasionalmente, me siento un poco distante de toda la parrilla actual que se me ofrece y que, de cierta manera, muchas personas se enganchan y entran en el juego adictivo, como por ejemplo, el amor por la ropa nueva y de querer parecer adulta y catadora de tragos con sombrilla en los pubs. Se me hace difícil comprender que la madurez es equivalente a ese tipo de cosas, cuando he conocido tantas personas que hacen este tipo de rituales y cognitiva/emocionalmente dejan mucho que desear. No es que sea la mujer más asertiva de la vida entera, no obstante, hablo de esto con conocimiento de causa y consecuencias e igual creo que en lo cotidiano me defiendo.

De todas formas, lo que refiero es algo que me han criticado bastante mis padres, debido a que soy muy light y algo descuidada con mi imagen, según el parecer de ellos. Light en la apariencia - y temo reconocerlo, pero lo voy a hacer igual - en el último tiempo, harto descuidada con mi contextura física, en especial (de todas maneras, es algo que tiene soluciones que deben hacerse concretas, pero esto lo abordaré en otra historia). Tampoco es que uno ande con buzo en todo lugar y momento, pero me aburre pensar que tengo que ser "una señorita" y tomarme la molestia de ser como los demás, usar ciertas prendas para atraer miradas, frecuentar ciertos lugares porque ya "no soy una cabra chica", comer sushi o comida china a cada rato para demostrar que soy multicultural y que estoy en onda. Y sé que no soy la única y pucha, que me gustan los jeans y andar en zapatillas cuando estoy fuera de mi trabajo (sí, yo me adapto eso si a los contextos), me gusta la comida chilena, la cazuela o sólo un poco de arroz con carne adobada y, de vez en cuando, le doy a alguna comida chatarra por ahí, un churrasco, unas papas fritas junto con un cuarto de pollo asado y voy al Chez Pollo de Maipú. 

Frecuentemente, voy a tocatas tributos o de bandas emergentes, a ambas porque sí, no tengo atados con ir a cualquiera y no estoy ni ahí con esas peleas bizantinas de argumentar cuál es mejor, porque si el tributo te recuerda a la banda que nunca ha venido ni vendrá a Chile, bien y si la banda emergente es creativa, con buena propuesta y no anda emulando a nadie tan descaradamente, bien también. Voy a tomar cervezas con mi pololo seguido a distintos pubs en Santiago o Quillota y no, no le hago asco a tomar una Becker, ni una Baltica, aunque últimamente he tomado cervezas artesanales y agradezco la oportunidad, son ricas. Y ojo, voy seguido, pero no quiere decir que me ande emborrachando o que lo haga todos los fines de semana, a veces la plata no alcanza y hay que priorizar, no es el fin del mundo. De vez en cuando también voy a conciertos, si es que alcanza también. Y es cuático, cuando trato de explicar todo eso, de que no hago lo que comúnmente hace la mayoría de mi edad en el tiempo libre, me miran con cara de que estoy perdiendo el norte o que aún tengo pañales. Como si en el hecho de no ser como los demás fuese pecadora.

Mismo caso pasa con la adicción a los celulares último modelo y revoluciones de Internet que convierten a las personas en seguidoras del "shuperloquishmo" (léase "superloquismo" para significar a ese grupo de personas de apariencia hippie o indie, activistas pasajeros que parecen ser muy cultos en cualquier tipo de arte, ciencia o disciplina para alcanzar reconocimiento, aunque sea por un ratito de sus extrañas existencias). A veces es raro que me pregunten si tengo Bluetooth, si tengo celular con cámara o si tengo WhatsApp o tal aplicación que ni siquiera sé que es, ni para qué. Me dicen que para comunicarme, para estar en "contacto" y tener una captura de cada momento, actualizar dónde estoy y cuál es mi forma de pensar. Me pregunto si será necesario publicar que estoy compartiendo con mi hermana, mi mamá, mi papá o mi pololo y entregar las coordenadas de dónde estoy, aún más, ¿Será necesario que le saque una foto con Instagram hasta a la silla donde estoy sentada? La verdad, de lo que he visto, pocas de las fotografías que han publicado de algún lugar o personas interesantes realmente importan. No sé qué en verdad le podría importar a las personas, pero en lo particular, me gusta si cuando comparten imágenes de una familia celebrando el cumpleaños de unos niños pequeños (me cautivan ene las sonrisas y gestos de la gente en diversas situaciones, especialmente en la ya descrita) o tal vez cuando muestran algo natural, un paisaje o ese tipo de cosas. El resto, como saber qué tienen escrito en los cuadernos en sus horas libres, si tomaron algo en Starbucks o si el gato se hizo pipí en la pieza, poco me importan la verdad y aunque suene muy fuera de época, no me interesaría estar de moda por mostrar ese tipo de cosas. 

De repente, hasta se me hace insoportable que la gente no logre despegarse un sólo rato de sus celulares con plan ilimitado que los hace enviciarse mucho más. En la micro lo veo a cada momento y en verdad, es tan triste ver incluso cómo acorta la comunicación entre personas que se encuentran al lado. He visto que parejas amorosas o no, se distraen tanto con eso que poca importancia le dan al otro cuando les están hablando. Es algo que veo casi todos los días; a veces sólo quisiera regresar a esos tiempos que al menos había una cosa que tenía buenos fines, como contemplar el paisaje, conversar y, cuando no, la mejor distracción era la música que era escuchada por el personal, la cual por cierto, se escuchaba con audífonos, no había una pandilla que te imponía los gustos musicales y que además hay que soportarlos todo el camino. Como si no supiesen ellos que lo que hacen es promover la contaminación acústica y aumentar los niveles de ansiedad y agresividad en la muchedumbre. 

Para qué hablar de los conciertos... Llenos de celulares sacando fotos al artista, es que si... es súper bacán estar al lado de la banda, pero paren un momento... A veces necesito ver el concierto y con el celular frente a mi cara no veo nada... Hay que disfrutar la música, ¿O no? No por nada Bruce Dickinson le gritó "pendejo" a un loquillo del público que no dejaba de mandar mensajes en pleno recital. Más encima, el loquillo se defiende diciendo que Bruce ya no tenía la misma voz y que Blaze Bayley debería volver , ¿Qué onda? Si no estás contento con la banda y su puesta en escena en un recital, para qué vas, cállate y retírate, porque es una falta de respeto. 

Y no señores, no tengo celular con cámara, ni con Bluetooth, ni que planche la ropa (faltaría poco). Tampoco es un touch o un Blackberry. Tengo un celular de los que sólo llaman y mandan mensajes. Con suerte escucho los mensajes de voz y tengo plan prepago, por economía. Y, ¡Oh, la profesional con ese tipo de artefactos, qué horror, actualízate!, podrán decir. Pero fue un gran regalo y aunque he podido tener acceso a los otros aparatos, no podría cambiarlo, sería para mi una lata, porque siento que con lo que tengo basta, ¿Para qué más? No me quejo y aclaro esto, porque he visto que la locura colectiva ha sido tan grande por actualizar que finalmente se olvidan de lo esencial: Comunicar lo sustancial. Si eso pasara, estoy segura que no se recetaría tanto ansiolítico, ni antidepresivo. Porque si creemos que conquistamos a las personas con tanto artificio, con objetos sin vida, realmente es que estamos mal enfocados. Tenemos vida, tenemos edad para cumplir etapas como corresponde, tenemos nuestros seres queridos, tenemos los momentos que son únicos, aprovechémoslo. 

Pd. Esto, aunque fue escribo en otro aparato, fue pensado desde el corazón, por lo que lo he compartido para que el sentir no esté encerrado en cuatro paredes y es una opinión que trato de mencionar siempre de los siempres. Si no, pregúntenle a mi familia o a mis cercanos. 

2 comentarios :

  1. me pasa lo mismo, a veces siento que tengo una doble vida o bien, que estoy cruzada entre muchas generaciones. Y la mayoría del tiempo no entiendo nada...

    saludos!

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  2. Mi cariño, tu sabes que creo en pocas cosas, pero de las que SÍ creo, eres tu!!
    El ser adulto, para mi, es ser libre, elegir, tener certezas y también equivocarse, reivindicarse o abandonarse al tiempo, eso también es Bacán!!! como dice Paulo, je!!, me acuerdo perfecto cuando era una niña, podía pasar una mañana completa observando el trabajo laborioso de un hormiguero, qué horror perder el tiempo así!! Dirían algunos adultos (conozco varios por cierto!!, je!!), pero que intenso e importante fue haber experimentado la contemplación del mundo y su naturaleza!!!...Ahora sólo vivo de eso, reafirmar lo que me hacía feliz, libre y dispuesta a serlo el resto de mi vida....
    Te quiero mucho
    Tu hermana.

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