16.7.10

Janis Ian - At Seventeen

No recuerdo que a los 17 años me sintiese tan enajenada en aspectos como mi apariencia, si en lo que me sentía realmente alienada era en la forma de ver el mundo, el cual en ese instante era muy distinto al que parecía ser de mi entorno. Nunca me sentí demasiado especial para convertirme en el centro del universo, tal como una teoría heliocéntrica, era más bien una niña que se convertía poco a poco en mujer, muy callada, si algo irreverente en ocasiones, pero no por alguna causa afín, sino por un tema familiar, tal vez algo de un poco de una descendencia italiana que nunca fue reconocida pero si que estaba omnipresente en la sangre, pero también había de esa actitud contestataria en mi crianza, en mis antecesores. Creo que de ahí pude sostenerme de muchas cosas que me sucedieron a corta edad, algunas más impactantes que otras, pero en definitiva, siempre supe que sola tenía que levantarme y que era autosuficiente y selectiva en mis decisiones y relaciones. Y algunos aspectos aún los conservo, sin duda.

Estuve en la enseñanza media en un liceo laico que su misión era entregar valores religiosos y puritanos a sus alumnos, sin embargo, no fue lo que observé por aquellos años, pues había gente que hacía mucho daño y que quizás me lo hicieron (fuí víctima de Bullying Psicológico), no obstante, reparé en mi autoeficacia y utilicé aquella arma que ya mencioné para salir adelante, usé el recurso de dejar de lado las descalificaciones hacia mi persona y hacia aquellos que me podrían haber lastimado y dejé la posición de ser víctima, para finalmente concentrarme en los estudios, mi presente, mi futuro y mi cosmovisión de la vida. No siento rencor de nada, más que nada recordé muchas cosas con esta canción y lo más extraño es que todo terminó cuando egresé de cuarto medio y emprendí el vuelo... Y aquí estoy y sigo en ese vuelo...



Supe la verdad cuando tenía diecisiete años.
Que el amor era para las reinas de la belleza,
y para las chicas de instituto con sonrisas perfectas
que se casan jóvenes y luego se retiran.
Los días de San Valentín que nunca conocí,
la farsa de las noches de viernes de la juventud que
fue llevada a cabo por chicas mas guapas.
A los diecisiete aprendí la verdad.

Y todas aquellas de nosotras, con nuestra cara marcada,
fuera de los círculos sociales de moda,
acabábamos desesperadas en casa,
inventando amantes con los que hablar por teléfono,
que llamaban para decirnos: "ven, baila conmigo",
y murmurándonos pequeñas obscenidades.
No es así como pasaba a los diecisiete.

Una chica de ojos marrones
cuyo nombre nunca supe pronunciar me dijo:
"siento pena por aquellos que ceden.
Lo único que consiguen es lo que merecen"
La reina de la belleza de la ciudad,
se casa con la persona que necesita,
con la garantía de tener compañía y refugio cuando se haga mayor.

Recuerda a aquellos que ganan el juego.
Pierden el amor que buscaron con devoción.
Con la obiligación de encontrar algo verdadero,
de dudosa integridad,
su ojos de chica de pueblo se quedarán fijos en tí,
sorprendidos cuando ven que el precio
excede la cantidad que ganaron cuando tenían diecisiete años.

Para todas aquellos de nosotras que conocimos el dolor,
de no haber tenído días de San Valentín.
Aquellas cuyos nombres nunca fueron nombrados
cuando se escogía a chicas para formar equipo de baloncesto.
Fué hace mucho tiempo, y lejos de aquí.
El mundo era más jóven que hoy,
y los sueños eran gratis para
los "patitos feos" como yo.

Todos jugamos el juego, y nos atrevemos
a hacer trampas a nosotras mismas en solitario.
Inventando amantes con los que hablar por teléfono,
arrepintiéndonos de otras vidas desconocidas.
Nos llamaban y nos decían "ven, baila conmigo".
Y nos murmuraban pequeñas obscenidades.
A chicas feas como yo, a los diecisiete años.


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