Resulta peculiar pensar que aquello que hemos cursado a través de nuestra vida pueden ser un determinante para la continuación de nuestros días. De alguna manera, la respuesta es relativamente afirmativa, pues somos lo que somos mediante la comprensión de nuestro origen y nuestra historia a través del tiempo. Sin embargo, mencioné que tal situación es relativa porque no sé hasta qué tal punto tendríamos que condenarnos a ser una huella del recuerdo. Si, suena a condena ¿Verdad?, algo así como el Eterno Retorno que hablaba Nietzsche. Pero en realidad, ¿Podemos hablar del todo de un destino donde todo esté configurado de forma tal que todo esté estrictamente mecanizado? Pues hay cosas que burlan incluso a las matemáticas. No quiero decir que dejemos de creer en ellas, porque son un elemento fundamental para comprender incluso hacia donde nos dirigimos. Aquellas cosas que burlan lo predescible, lo perenne es nuestra idea del presente, del libre albedrío y de lo potencialmente existente. Estos aspectos se escapan de lo esperado, en términos matemáticos, de la media e incluso de la moda. En términos psicológicos, estos elementos aunque parezcan tan abstractos pueden materializarse hasta llevarlos a una construcción del mismo.
El hecho que exista un presente, un espacio y tiempo donde diga "aquí estoy y veré donde puedo caminar" indica una dirección y una oportunidad para ensañarnos en contra de todo lo preestablecido y que ofrece nada más que posibilidades extremas de sufrir en aquello que no existe en la más pura realidad. A veces nos llegamos a mentir para recuperar lo que estuvo, quisiéramos encontrar la fórmula mágica para construir una máquina del tiempo y manipular las manecillas de un reloj, convirtiéndonos en los seres más egoístas de nuestra propia existencia. Queremos ser libres, pero hasta nos escondemos detrás del umbral del pasado para que el presente no nos pille. Nos da un intenso miedo a cambiar, a mutar de piel, nos da miedo pensar que hay alguien más allá que puede amarnos aún más y mejor que la persona que se ha tallado en el pasado. Pero no queremos pasar del umbral para sentirnos conocidos desde nuestra burbuja que tratamos de proteger para que nadie pinche.
Lo penoso del cuento, es que en algún minuto tenemos que salir de esta burbuja y entibiarnos con el verdadero sol que está afuera. Ese sol que molesta al principio a la vista, tal como cuando damos a luz o como el Mito de la Caverna. Y entonces eso que llamábamos penoso se convierte en la escalera de empuje hacia días mejores. Días en que si miramos nuestras caras en un río que fluye veremos nuestro propio reflejo. Días en que una rosa se marchita pero ya ha realizado su polinización cruzada. Días en que podemos morir unas cuantas veces y salir del pantano.
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