26.9.08

La historia que nunca se acaba.


Cosa difícil cambiar el mundo, aún más difícil intentarlo. Sin embargo, todavía no me rindo. Tal vez, si estuviera en ese punto de límite, me intrigaría pensar que estoy muriendo. Pero la verdad es que conservo mucha energía aún.

Cuánto tiempo ha pasado y pensar que creía que éste se había disfrazado de lentitud, pero no, cruzó conmigo de etiqueta. En mi percepción, éste asistió a una noble fiesta donde por fin fuí invitada y no me había dado cuenta que era la invitada de honor.

El tiempo ha pasado rápido en su concepto, en la abstracción de vivirlo, sólo ha pasado con más experiencias buenas que malas y cumplí mis grandes objetivos. No obstante, aún falta enfrentar una de las experiencias que podría cerrar y al mismo tiempo abrir una etapa de mi vida. Es una cuestión difícil de enfrentar, porque sé que conlleva mucha incertidumbre y cierto orgullo. Es algo tan simple de hacer, lo había postergado debido a que estaba justamente en el momento de cambio de la vieja estrategia que utilizaba anteriormente donde realizaba un montón de metas altas dejándolas a medias. Ahora me pongo metas, hago una y no importa cuánto me demore, pero no descanso hasta terminarla y seguir con otra.

Y sé que ahora es el tiempo cuando tengo que realizar aquel objetivo. Ha sido duro asumirlo, porque soy una persona bastante evaluadora y eso puede jugarme en contra a veces, porque puedo dejarme de lado. Por pensar mucho en los demás, me dejo en el final y eso me trae desmotivación, porque preferiría conseguir lo que quiero y hacerme independiente de una vez por todas. Y al mismo tiempo, comencé a guardarme todo.

Pero estos días las cosas han cambiado, tal vez ser la compañía de experiencias de otros hace reflexionar bastante de lo que queremos ser o lograr. Creo que sin duda lleva a mutar los paradigmas que solíamos defender tanto. Y entonces lo que solíamos pensar al mismo tiempo empieza a tomar otra forma. En ese sentido, las últimas semanas he aprendido tanto acerca del amor, la amistad y el ser "uno mismo", independientemente de que crean quién tú eres o si te olvidan.

Por ejemplo, he comprendido cuán sublime es el amor y la amistad una vez que se expresa libremente, sin complejos y sin ataduras. Me la he jugado y he perdido, pero creo que no del todo. Pienso que más he ganado, principalmente hablo en cuanto a la amistad. Comprendí que la base de la amistad más que medirla, se califica. Se califica a través de la profundidad de las situaciones vividas recíprocamente, no me refiero solamente al hecho de experimentar a la par celebraciones, carretes, etc., sino que implica un punto de referencia donde uno de los componentes vive el sinsabor de un hecho y el otro acompaña de forma diferencial, pero hermosa. No en forma simbiótica, porque de otra manera no diluirían luego la experiencia hacia un puerto que lleve a océanos de renacimiento o de cambios.

Es rico vivir eso, porque desde ahí se obtiene la empatía y quizás sería uno de los ingredientes para cambiar el mundo. Podría sonar muy soñador, pero no importa. De esto mismo, ayer conversaba con mi mamá y recuerdo haberle dicho "Me gustaría que todo fuera como la canción Imagine de John Lennon, donde no haya países, ni discusiones, ni nada", pero ahora reflexionando creo que sería de partida un mundo muy aburrido, quizás no aprendería nada...

Por otro lado, en cuanto al amor obtuve la noble enseñanza de su incondicionalidad, si es que existe. Esta enseñanza la obtuve de mi mejor amiga de muchos años. Lo mencionado también tiene algo de lo que he aprendido de ella. Quizás la teoría, hipotetizar un par de cosas no es lo que me ha llevado a ser un poco más libre, sino que los momentos donde he sido prácticamente soñadora (ojalá que se entienda) es la fórmula para sentirme en paz. Por esta razón, no planearé más ese objetivo, sólo lo haré. Ya vendrán las respuestas.

1 comentario :

  1. Wow, me demoré un poco en leer y aún no termino, pero resultó entretenido.

    encontrar éste espacio me gustó mucho.

    abrazos.

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