16.8.08

A fool on the hill

Mientras escucho a Mark Lanegan y a Jeff Buckley, miro el sol por la ventana, un sol débil que se esfuerza por salir de entre las espesas nubes que quieren nuevamente llorar para limpiarnos y darnos de comer, de beber, limpiar ese cielo de smog civilizado de autos sin convertidor catalítico.

Me emociono, porque mientras escribo esto, el sol salió, le ganó a las nubes y entonces pienso que hay una esperanza de que el día mejore al menos por esta tarde temprana. Sí, efectivamente ha salido el sol en Maipú, en mi ventana al menos. Y entonces, la ventana que había sido empañada por mi calidez y por pensamientos pertenecientes a una maraña, empieza a caer como rocío, gotas que se van evaporando por aquella ventana.

He conversado anoche con Dios, con ese Ser gigante que nadie quiere reconocer que existe, que está en nuestra sangre cuando circula, en nuestras manos cuando crean y en cada uno de los sueños que nos motivan a seguir. Bueno, pareceré una loca, pero creo que me ha escuchado y me seguirá escuchando, aunque no vaya a su morada todos los domingos o sea una total "católica, apostólica o romana". Como bien había dicho alguna vez, no tengo religiones, ni tengo una ideología política cerrada, porque considero que para gobernar el mundo sólo se necesita creer en el que está a tu lado y que el otro te demuestre lo que puede hacer con sentido común. No quiero una cosa que me limite y aunque esto me lleve a discusiones con mi madre, siempre creeré en eso. Pero me desvié del tema.

Una vez más tengo ganas de vivir, me siento totalmente enamorada de la vida, aunque me haya traído alguna vez dolor, separaciones, etc. Una separación profunda que en ese momento no estaba preparada. Ahora lo estoy. Y me siento tan curada como loca.

A veces me da un poco de risa, me entra esa ráfaga maníaca, porque algunos sienten que no se pueden reconciliar con nadie y que somos dueños del perdón. Somos dueños de nuestra vida, pero ¿perdonar?, ¿podemos ser tan orgullosos y tener ese poder tan grande? quizás disculpar, pero no perdonar. Yo prefiero disculpar porque reconozco que somos personas y nos debimos sentir si orgullosos de ser humildes, de ser sencillos.

Pero también sé que todo necesita tiempo para reaccionar, para renacer o simplemente para nacer. Es difícil de comprenderlo, pero se puede. Ahora sólo quiero cambiar mi vida a mi total antojo, con dolor o sin éste. No se puede entender la vida sin éste, aunque se piense que es tan cursi mantener esa idea en la cabeza.

No seamos razón al extremo, como me enseñó el amor de mi vida, no siempre todo puede ser a=b. No quiero serlo tampoco, porque la vida es emoción pura. Y cuando esta última intercambia motivo con la razón, esto realmente es un arte perfecto. Un arte perfecto que nació de la imperfección, sin duda. Y eso es magia.

Hay que ser más hermético en la magia. Nada puede ser tan lógico como parece. Nada puede empezar donde terminó, porque el todo es una gama de posibilidades infinitas, sería como un ocho acostadito, como lo dijo en alguna canción Andrea Echeverri. Todo, nada e intermedio están conjugados mutuamente.

Así que voy a seguir como la tonta en la colina. Sonriendo por el todo o por la nada. Siendo consecuente con mi destino y con mis ideas, aún si cambian.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

~ Exhale sus profundidades