29.7.07

De días emigrantes



Después de mucho, he decidido escribir por aquí... tal vez el aburrimiento me llevó a escribir. Tal vez la palabra precisa no sería "aburrimiento", sino más bien temor a la rutina, a los cuestionamientos, a la frialdad de quienes más he querido en esta tierra.

Y en cierta manera, aunque muchas veces no me reconozco en reacciones que puedo realizar, me conozco en momentos de incertidumbre. A veces suelo decir que disfruto plenamente de las cosas y debería hacerlo como todos, en forma tan sencilla, sin preguntarme el grado de disfrute. Pero lo hago y soy tan consciente de ello que me vuelvo casi esquizoide. Y sé que volverse así no es sano para nadie.

Un ejemplo de esto fue el otro día que estuve en la fiesta de una amiga, hace tres años que no me sucedía esto de "apagado de tele", en otras palabras, estaba tan ebria que en algún minuto se me borró todo del mapa, incluso mi espíritu, mi forma de sentir, todo... diría que caí en ese espacio (si es que se puede decir "espacio") de la nada. Luego, a las 2 de la tarde me levanté con mucha vergüenza porque no estaba en mi casa, sino en la de mi amiga y después de conversar, me dispuse a irme a mi casa. Y luego, estando en mi cama con la resaca y entre mis preferidos sonidos me quedé pensando... ¿Cómo es posible que no pueda recordar nada en un momento tan peculiar y exquisito como ése? Cuando también era mi momento de distracción y de corte al estrés que sufro permanentemente por la práctica. Y luego me dí cuenta que no disfruto al máximo como quisiera. Tengo que ser sincera. Claro, hasta las 3 de la madrugada, de lo que me acuerdo fue mi máximo de conciencia de disfrute.

Sin embargo, mi mayor cuestionamiento fue que hace por lo menos dos años, en una época de verano, disfruté en compañía de alguien (no diré su nombre, pero sé que algún día si lee este escrito sabrá que es él) un vino, se llamaba Aromo... Y a pesar de toda mi ebriedad, porque presiento que esa noche tomé más de la cuenta que la vez que estuve en la casa de mi amiga, recuerdo todo, exactamente todo... Y podría recordar hasta el más pasajero olor que existió en ese momento. Y recuerdo hasta el momento en que me dormí, que me sentí por primera vez en mi vida tan cálida como en el lugar que estuve cuando era un feto en el vientre de mi mamá. Curioso, pero tengo que ser honesta, necesitaba hacer acting out en alguna parte.

Cuando recordé todo esto, me sonrojé. Y me dí cuenta que todavía, entre la lucidez y la ebriedad me queda algo de memoria. Presiento que no he olvidado como quisiera... No me he desencantado como quería Myriam, mi hermana mayor... o más que nada, según la teoría de ella. Presiento, a pesar de la frialdad de una conversación que tuve con esta persona especial hace algunos días que... todavía quedan más que palabras y huellas en el corazón.

No hay cabezas borradoras por estos días...

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